Para que pueda desarrollarse saludablemente, los menores y adolescentes necesitan de cuidadores que sean capaces tanto de cubrir las demandas y necesidades de éstos, como  de decodificar sus señales   para ayudarlos a adaptarse al mundo que los rodea.

¿Qué pasa cuando el niño es privado del vínculo, o éste es inadecuado, con su cuidador/a principal en sus primeros años de vida? ¿Es posible establecer un vínculo de apego que le permita desarrollarse de forma saludable?

Hoy en día el ingreso en centros de protección y/o de reforma de  los menores y adolescentes es una realidad que da respuesta a una demanda social de nuestro país, en donde el número proporcional de éstos en instituciones de protección y cuidado, es la más alta de la región. Generalmente, los menores adolecen de las necesarias habilidades para afrontar la pérdida que supone la separación del seno familiar, traduciéndose en  una falta de resiliencia debido a un déficit en el vínculo afectivo según caso.

Existen diferentes motivos que generan el ingreso de un niño a la institución, como puede ser el abandono de sus progenitores, cuando no cuentan con adecuados mecanismos emocionales, económicos y/o psicológicos para su crianza.

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Otra puerta de ingreso a los Servicios de  protección de la Junta de Andalucía es el cuestionamiento de alguna otra entidad, sea ésta; escolar, salud, comunitaria, quienes por diferentes motivos piden que los adultos a su cargo deban ser evaluados ya que podrían ser un riesgo para la integridad física y/o psicológica del niño. Por tanto, en este caso, las funciones de protección y cuidado son transferidas de forma transitoria o permanente a una institución para que vele por los derechos de los menores y adolescentes.

Para el niño, la institucionalización implica un proceso de reorganización y re adaptación a su nuevo ambiente, así como un puente para su transición a la vida adulta.

Con estas jornadas pretendemos dar respuesta a todas aquellas preguntas que puedan surgir durante el desarrollo de las mismas,  así como plantear las herramientas necesarias para intervenir de manera adecuada con los menores y adolescentes, fomentando un desarrollo adecuado que los dote de nuevos recursos  personales y les permitan contar con una base segura.